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Rodilla del corredor, ¿qué es?

fisioterapia Pozuelo

La rodilla del corredor, conocida también como síndrome de la cintilla iliotibial, es una lesión muy común entre las personas que practican running, aunque no es exclusiva de este tipo de deporte.

La cintilla iliotibial es una prolongación aponeurótica de los músculos glúteos y del tensor de la fascia lata, es decir, es una banda de tejido fibroso que surge como una expansión de estos músculos y se extiende por la cara lateral del muslo hasta la rodilla, insertándose en el llamado tubérculo de Gerdy, en la cara externa de la tibia. Su función principal es abducir o separar la cadera y otorgar estabilidad a la rodilla por su cara externa y a la pelvis durante la marcha.

Cuando se produce un roce repetitivo de la cintilla iliotibial con el
cóndilo lateral del fémur a la altura de la rodilla, ocasiona la inflamación del tendón terminal de la cintilla. El dolor se manifiesta como un dolor punzante referido en la cara externa de la rodilla cuando el pie impacta contra el suelo durante la carrera, comenzando normalmente a los 10-15 minutos de forma progresiva y pudiendo llegar a limitar por completo la actividad física. Este roce prolongado en el tiempo puede generar bursitis o inflamación de la bursa que protege precisamente el exceso de roce de la cintilla, aumentando el cuadro de dolor. Además, el dolor puede incrementarse al bajar pendientes o al disminuir el ritmo de la carrera.

El origen de la rodilla del corredor es multifactorial, es decir, puede deberse a diversos factores:

  • Dismetría de extremidades inferiores.
  • Mala pisada, principalmente hiperpronación del pie.
  • Exceso de varo de rodillas.
  • Debilidad de la musculatura glútea, principalmente de Glúteo medio.
  • Hiperlaxitud ligamentosa.
  • Mala técnica de carrera: exceso de duración de la fase de apoyo del talón durante la carrera, falta de movilidad lumbo-pélvica, etc.
  • Calentamiento y estiramiento inadecuados o insuficientes.
  • Falta de entrenamiento de la fuerza muscular.
  • Calzado inadecuado.
  • Superficie de entrenamiento excesivamente dura como el asfalto o cambios de entrenamiento sobre diferentes terrenos y además con variedad de desnivel.

El diagnóstico de la patología es principalmente clínico, a través de la historia clínica y de pruebas funcionales como el “test de Ober” o el “test de Noble”. También se pueden realizar pruebas de imagenpara verificar el diagnóstico, como una ecografía o una resonancia magnética.El tratamiento irá encaminado inicialmente a reducir la inflamación en la fase aguda. Sin embargo, muchos de los casos acuden a la consulta del fisioterapeuta cuando la lesión ya tiene bastante tiempo de evolución, ya que con el cese de la actividad física puede ser suficiente para controlar el dolor los primeros días.

Es entonces cuando la fisioterapia tendrá como objetivo principal, a corto plazo, reducir el dolor y el exceso de tono muscular. Pero para que la recuperación sea efectiva a medio y largo plazo, es imprescindible detectar y corregir los factores agravantes mencionados anteriormente, como pueden ser la falta de entrenamiento, una mala pisada o la debilidad de ciertos grupos musculares. Siguiendo esta línea, con una evaluación adecuada por parte del fisioterapeuta y llevando a cabo un tratamiento multidisciplinar, los plazos de recuperación deberían acotarse.

En lesiones muy cronificadas, en las que se produce una tendinosis o degeneración del tendón con neoformaciones vasculares a vista ecográfica, el tratamiento de fisioterapia más indicado es la electrolisis percutánea eco-guiada junto con el entrenamiento de fuerza específico.

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