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Epicondilitis, un mal común denominado “codo de tenista”

La epicondilitis o “codo de tenista” es un trastorno que afecta a la cara externa del codo, concretamente a la protuberancia ósea llamada epicóndilo lateral. El epicóndilo es un punto de inserción de varios músculos provenientes de la mano y el antebrazo, los cuales comparten un tendón común. Este tendón es el causante de la sintomatología de la epicondilitis, provocando un dolor muy localizado en la cara externa del codo, que puede incluso referirse en el dorso de la mano. 

Generalmente, se trata de una lesión provocada por microtraumatismos repetidos en personas que realizan de forma frecuente y continuada movimientos de hiperextensión de codo o muñeca, como ocurre en determinadas profesiones o en ciertos deportes, siendo muy frecuente en el tenis, razón por la que recibe el sobrenombre de “codo de tenista”. 

El diagnóstico de la epicondilitis es eminentemente clínico, normalmente realizado en la consulta del fisioterapeuta. El dolor se localiza a la presión sobre el epicóndilo lateral, siendo el dolor más intenso en los casos agudos. El dolor también puede reproducirse mediante ciertas maniobras contra resistencia de la mano y el antebrazo. 

Para verificar el diagnóstico y realizar una valoración más objetiva, lo más indicado por su rapidez y bajo coste es la ecografía. Mediante esta prueba de imagen se podrá observar si el tendón está inflamado o si hay indicios de una lesión antigua como puede ser una calcificación. 

Resulta esencial abordar cuanto antes el “codo de tenista” y no demorar su tratamiento. Los primeros días, serán claves las medidas para reducir el dolor y la inflamación como el hielo, el uso tópico de antiinflamatorios, algún fármaco o el reposo deportivo. En esta fase, la fisioterapia irá encaminada a disminuir el dolor y el tono de la musculatura del brazo, principalmente. El uso de la punción seca para este fin tiene excelentes resultados. Por otro lado, la aplicación de electroterapia con el objetivo de reducir el dolor puede servir como complemento de la terapia manual. 

Tras los primeros días de dolor agudo, es importante comenzar un programa específico de ejercicios de fuerza y estiramientos para la musculatura del brazo, supervisado inicialmente por un profesional. Además, las medidas de ergonomía e higiene postural en el trabajo y el hogar adquieren gran relevancia para evitar recaídas, así como el uso de ortesis o vendajes en situaciones en las que el codo esté sometido a más estrés mecánico, como en la práctica deportiva. 

Por último, en los casos en donde la epicondilitis perdure varios meses o se trate de una lesión antigua mal curada, las terapias invasivas eco-guiadas, como la electrolisis o la neuromodulación percutánea, están indicadas para la recuperación del tendón. Estas técnicas son muy efectivas, pero deben ser realizadas por fisioterapeutas formados. 

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